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3 estrategias para combatir la pereza al leer

Por 6 min de lectura
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Si la pereza te aleja de los libros, tres estrategias sencillas —propósito, conversación y diseño del entorno— pueden ayudarte a sostener el hábito de la lectura cuando ya no queda motivación.

"El amor por los libros es algo así como el amor romántico. Cuando se lee realmente un buen libro, las cargas y preocupaciones parecen ser más pequeñas." — Steve Leveen

Empezar a leer es una cosa; sostener la lectura cuando ya no hay novedad es otra. Si la pereza aparece justo cuando abres el libro, estas tres estrategias atacan las causas más frecuentes: falta de propósito, lectura sin conversación y un entorno que no invita a leer.

Qué vas a encontrar en este artículo

  • Por qué la pereza al leer suele ser una señal y no un defecto de carácter.
  • Tres estrategias para sostener el hábito de lectura.
  • Qué hacer cuando la desgana viene del estado de ánimo y no del libro.

La pereza casi nunca es solo pereza

Hace un tiempo, un viernes por la tarde, me encontraba en uno de los salones del Instituto de Educación Física y Deporte de mi universidad. Estaba cursando una materia llamada "Nuevas tendencias deportivas"; a aquel profesor le gustaba mucho poner lecturas para después hacer alguna actividad sintetizando lo leído.

Ese caluroso viernes no fue la excepción: teníamos que leer un artículo sobre la historia de las nuevas tendencias deportivas y luego hacer una línea del tiempo. Como buen subordinado me dispuse a abrir el artículo en mi teléfono, sin embargo, no me encontraba precisamente bien emocionalmente; realmente, estaba destrozado.

Lastimosamente ese era mi día a día: constantemente luchaba contra el aburrimiento y la tristeza. Fue entonces cuando, sentado en la silla, encorvado y haciendo todo lo posible por disimular mi cara melancólica, vi que el artículo tenía 20 páginas. ¡Agh, no puede ser! —pensé—. Bajaba el artículo página por página y se me hacía eterno. Por suerte nos dejaron trabajar en parejas y mi compañero me forzó a llevar a cabo la lectura.

Te cuento esto porque leer es un proceso cognitivo exigente, y cuando estás triste, agotado o disperso, la exigencia se multiplica. Viví en carne propia lo que significa intentar leer en medio de un caos emocional. Así que antes de concluir que eres perezoso, revisa cómo estás: muchas veces lo que llamamos pereza es cansancio, desánimo o desconexión con lo que estás leyendo.

Vamos con las estrategias.

1. Encuentra tu propósito para leer

Cuando llevas a cabo cualquier actividad sin un propósito es muy duro mantenerla en el tiempo, porque no tienes un "por qué" para continuar día tras día. Pregúntate: ¿por qué quiero leer esto? ¿Qué me va a permitir hacer? ¿Qué objetivo mío se acerca si lo termino?

Si respondes con claridad, la lectura deja de competir con el descanso y empieza a competir consigo misma. Por ejemplo, podrías leer porque vas a viajar y quieres entender la cultura del país al que vas; o porque quieres mejorar cómo te comunicas y decides leer al respecto.

Y un permiso que casi nadie se da: un libro que no te interesa se puede abandonar. Insistir con el libro equivocado es una de las formas más rápidas de terminar odiando la lectura.

2. Conversa lo que lees

Explicar lo que aprendes ayuda a fijarlo y le da a la lectura un motivo social, no solo intelectual. Es una razón por la que enseñar consolida tanto: al poner en palabras lo leído, descubres qué entendiste de verdad.

La estrategia práctica es conseguir a alguien con quien puedas conversar o debatir tus lecturas: un amigo, un club de lectura, un grupo pequeño. Intercambias ideas y, al mismo tiempo, le das a tu cerebro una cita a la que llegar preparado.

3. Diseña tu entorno estratégicamente

Una de las estrategias que argumenta James Clear en Hábitos atómicos es poner señales en tu ambiente que hagan obvio el hábito que quieres adquirir. Aplicado a la lectura:

  • Coloca libros en lugares visibles y que frecuentes mucho.
  • Deja notas o frases donde hagas alusión a la lectura.
  • Establece recordatorios en tu celular que te inviten a leer.
  • Y, tan importante como lo anterior: aumenta la fricción de lo que compite con la lectura. Deja el teléfono en otra habitación mientras lees.

Con estos pequeños cambios la pereza pierde terreno, siempre que hagas lo posible por accionar cada vez que percibas una de esas señales; de lo contrario, las señales se vuelven parte del paisaje.

Cuando el problema es otro

Estas tres estrategias sirven cuando el asunto es la desgana. Si tu dificultad es otra, aquí está el artículo que corresponde:

Y si al leerte en el relato del inicio te reconoces más en la tristeza sostenida que en la pereza, eso merece atención propia: buscar apoyo profesional en salud mental es el paso sensato.

Bonus

Te dejo un video de mi canal de YouTube con más estrategias que complementan perfectamente las de este artículo.

👉 Ver video en YouTube

Fuentes

  • Hábitos atómicos — James Clear
  • Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva — Stephen Covey
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